Boca Juniors se consagró campeón de la Supercopa Argentina

Es alivio antes que alegría, es haber salido del túnel oscuro y frío, para volver a sentir el viento en la cara. Boca, acaso, pagó una deuda consigo mismo, la de Madrid será una cuenta que quedará con la Historia, pero este miércoles por la noche fue volver a los viejos lugares de antes para reencontrarse con la autoestima ganadora, después de haber tenido que ir a buscar el triunfo, pelearlo, carajearlo, domarlo desde la puteada y la actitud, contra un Central agazapado en su trinchera, con los palos en contra, con una final chiva en el que cualquier error mental significaba otra vez el tren fantasma de las finales perdidas, la burla eterna de River, que al menos tiene un corte simbólico, en el día que Boca volvió a ser Boca.

Gustavo Alfaro se lo dedica a Guillermo y hace bien, porque esta final fue posible por el bicampeonato de los mellizos, pero esta ganada es toda de él. De él y de sus jugadores que iniciaron la transición, tan difícil en un club en el que los procesos son hijos del ganar ya. Pero Lechuga fue convenciendo desde su labia conceptual y sus ideas claras del por qué y para qué. Este Boca abandonó definitivamente el vértigo por la firmeza y el atrevimiento por la convicción. Y con estas armas ganó.

¿Que le faltó juego, brillo, contundencia, voracidad? Puede ser, pero con sus limitaciones (errores propios, postura defensiva del rival, un campo que no ayudó nada), le sobró cabeza para apretar a un rival difícil de arriar y supo domar sus propios miedos. Porque miedo tienen todos.

Sólo los valientes lo miran a la cara. Y Boca pudo superar sus propias dudas, con la martingala de los penales de resultado incierto. Y ahí está, la Supercopa no borra nada pero inicia un nuevo camino.

“El título pasado era importante para todos, y ahora también. Queríamos mostrar carácter, fuimos superiores, generamos situaciones claras, pero las finales son así. Ahora estamos contentos y a disfrutar. Esperamos que sea un punto de despegue. Lo necesitamos”, dice Buffa y acierta el diagnóstico. El equipo hizo más en el primer tiempo, pero fue en el segundo que marcó un cambio de actitud. Central, literalmente, no pudo salir más de sus primeros 20 ó 25 metros, y con los piques de Villa y luego Pavón, con los pases de Mauro y luego de Tevez, Boca le llenó la cara de dedos sin poder quebrar a su rival. El travesaño, la línea, el palo se lo negaron. En los penales no podía fallar y no falló. Fueron seis de seis, Andrada hizo la diferencia y a festejar. Ahora sí.

“Los chicos merecían ganar este tipo de finales porque así se empieza, ganando este tipo de partidos”, dijo Nico Burdisso, que algo sabe de estas cosas. “Vamos a seguir siendo los más grandes, siempre, siempre”, bramó Pipa Benedetto, micrófono en mano, la más maravillosa música para el pueblo bostero. “Necesitábamos festejar. El equipo hizo un esfuerzo partido a partido. Dejamos muchas cosas atrás y era un paso importante ganarlo, se lo debemos a la gente”, ahora sí, más serio, el goleador dejó en claro “No hubiese sido justo no ganar la Copa con todo lo que hicimos en el segundo tiempo. Hubo justicia y nos quedamos merecidamente con la Copa. Ya logramos el primer objetivo, ahora vamos por la segunda fase de la Libertadores y la Copa de la Superliga”, tiró Marcone con los objetivos claros.

La mochila siempre será pesada, pero ahora se acomoda mejor a la espalda, varias piedras afiladas ya no están. Ahora, los 68 títulos que a lo largo de la historia que logró Boca lucen imponentes otra vez, como si hubieran recuperado el brillo. De esos 68, 46 son locales, 33 torneos y 13 copas nacionales. “Jugué todo roto, pero hoy tenía que estar”, el que habla es Nahitan Nández y se le cree. El uruguayo, acaso, haya sido el que mejor ilustró el triunfo, porque su actitud fue la actitud de todos. Ahora, el racimo se anima a soltar la alegría, porque vale, claro que vale, Porque Boca supo ganar seis Libertadores, pero también se hizo grande por actuaciones así. “Se lo dedicamos a todos la rep…” y allá fue la banda al festejo final. Y hasta se anima al “suben y bajan parece un ascensor”, con destinatario más que obvio La pesadilla terminó. Ahora sueñen por una noche.

Fuente: Olé

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