Copa Libertadores: Boca festejó en Brasil ante Paranaense ganando por la mínima

En Curitiba

Fue 1-0 con un zapatazo de Mac Allister que se desvió en un defensor. En el descuento, Ruben erró un penal mal otorgado por el VAR.

Boca pegó un grito grande, enorme, en Curitiba en la búsqueda de esa obsesión llamada Copa Libertadores. Porque venía repleto de dudas a un escenario del que se había ido goleado, ante un rival que tenía un invicto gigante en su casa, sin su goleador y con un penal en contra en el final del partido que invita a que se revise el VAR y quienes toman las decisiones. Ganó en Brasil, sueña con los cuartos de final y va por esa séptima que persigue con ganas.

El primer tiempo mostró a Boca con muy poco de juego pero con oportunidades claras para sumar un gol clave en estas serie mano a mano. Por momentos esperó, plantado en esa doble línea de cuatro futbolistas y en otros apretó en la salida del local. Pero no se refugió: batalló con intensidad en la zona de creación del equipo de Tiago Nunes. Y en ese juego fue clave la buena predisposición de Alexis Mac Allister, quien buscó asociarse con Zárate cuando tuvo la pelota pero también entendió que en la estrategia de Alfaro él debía cumplir un rol defensivo por el sector izquierdo. El ex Argentinos Juniors cumplió.

Las chances de gol de Boca fueron, en esencia, por buenas conexiones individuales pero ninguna por una consecuencia directa de la elaboración. Lógico: con Nandez (imposible acusarlo de falta de compromiso por estar casi transferido a Italia), el juvenil Capaldo y con Marcone agrupados en el mediocampo, la idea fue contener, resistir y después intentar avanzar.

Paranaense, como ya había mostrado en los partidos anteriores, siguió en su idea de un juego prolijo desde Lucho González y Guimaraes. Pero pocas veces en esos primeros 45 minutos logró explotar sus bandas, su mejor virtud y por lo que tanto temió Boca. Pero cayó, así, en remates (el derechazo de Rony y el zurdazo de Guimaraes pasaron muy cerca) desde media distancia como su mejor arma para el arco de Andrada.

El negocio hubiese sido perfecto en esa etapa si Ábila, de cara al gol, hubiese definido bien de zurda en las dos habilitaciones que le dejaron Alexis (mandó un buen envío desde la pelota quieta que nadie pudo desviar) y de Zárate. El ex Huracán tardó y eligió mal ante Santos. Nueve se busca.

Desde el inicio del segundo tiempo el local se paró con más ambición. Los laterales, Jonathan y Azevedo, se pararon más allá de la línea del mediocampo y a Boca se le complicó contenerlos. Alexis empezó a cansarse y cada vez más rápido perdieron la pelota entre Ábila y Zárate. El equipo entonces se cargó de amarillas y el roce empezó a ser más liviano para con los rivales, que crecieron desde el pie derecho de Lucho González. En abanico, Paranaense abrió las alas para atacar constantemente y tanto Mas como Weigandt lo sintieron por sus sectores. Todo se transformó en negro y rojo.

Alfaro, de manera riesgosa, prefirió no tocar piezas. Eligió que los duelos ya aceitados se mantuvieran y recién metió mano cuando se dio cuenta que no habías más pierna, músculo ni aire para sostenerse. Un reflejo de eso fue que Alexis Mac Allister casi no cruzó la mitad de la cancha en la segunda parte, hasta el final. La modificación fue de manual: nueve por nueve. Hurtado ingresó por Ábila y Tevez reemplazó a Zárate, pero no reforzó la mitad de la cancha.

Paranaense siguió yendo. Pero Boca amenazó con pegar alguna mano. Avisó que tenía guardado un golpe en el mentón. De su mejor jugador, ese que había aparecido poco pero que se tuvo una fe ciega y metió a los 38 minutos un derechazo para el grito afónico en el Arena da Baixada. El primer tanto que recibe Paranaense en su estadio en esta Copa. Nada menos. Un gol que puede valer mucho.

Luego llegó un cierre a puro nervio, con un penal que se cobró desde el VAR que tuvo al colombiano Andrés Rojas (también supervisó el día que echaron a Messi ante Chile) y que Ruben estrelló en el palo, casi a modo de justicia divina.

Fuente: Clarín

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