El Frente de Todos ganó en primera vuelta y Alberto Fernández será el nuevo presidente

Los boca de urna, una vez más un fiasco estadístico, preanunciaban una diferencia aún mayor que en las primarias, de hasta 25 puntos. En el búnker de Juntos por el Cambio el “mago sin dientes” ensayaba unas selfies con unos pocos militantes oficialistas. Forzadas sonrisas ante la cercanía de lo inevitable. Signo de los tiempos, la imagen cotnrapuesta estaba en la calle: un doble del papa Francisco repartía bendiciones justicialistas. La avenida Corrientes, frente al búnker del Frente de Todos, ya estaba tomada y explotaba de gente. Cambio de personajes. El peronismo ha vuelto al poder, su razón de ser. Alberto Fernández derrotó a Mauricio Macri y es el nuevo Presidente de la Argentina.

Sin embargo, la llegada de los números le devolvió la sonrisa a los militantes oficialistas, transformando en dulce lo que parecía una paliza inapelable. Cuando pocos lo avizoraban, el mapa electoral del país retomó, con distintos porcentajes, los colores de 2015. Juntos por el Cambio retomó la delantera las provincias del corredor central (Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza) y volvió a quedar abajo en Buenos Aires y el resto de los distritos (excepto la CABA). en términos nominales, con el 93% de las mesas escrutadas, el Frente de Todos sumaba apenas 200 mil votos en relación a las PASO; Macri superaba los dos millones de nuevos adherentes.

La estrategia original del gobierno era transformar a las primarias en primera vuelta, y a las generales en un balotaje. El efecto rebote al que se aferraban con la mirada en 2015, finalmente llegó, aunque las diferencias resultaron irremontables. Al macrismo le faltó una opción peronista más numerosa en los comicios del 11 de agosto. La vuelta al redil de Sergio Massa, sumada al paso al costado de Cristina Fernández para dejarle el protagonismo a Alberto fue demasiado para las ingenierías del oficialismo.

De todos modos, la apuesta por el cara a cara desde las PASO hasta ayer, logró espantar miedos y a más de uno le dio ánimos para dejar atrás la vergüenza a la hora de decirle a familiares y compañeros de trabajo que votarían por Macri. En el haber, quedará la tozudez de retacearle a Vidal la posibilidad de competir anticipadamente con Axel Kicillof. En medio del desastre provincial de agosto, el oficialismo logró mantener de amarillo varios distritos que parecían perdidos. Mar del Plata, Bahía Blanca y La Plata, los más importantes. Lanús, Quilmes y Pilar esperaban el recuento final con expectativas.

La Ciudad de Buenos Aires fue otro punto destacado para Juntos por el Cambio. Horacio Rodríguez Larreta logró la reelección y superó por primera vez, y holgadamente, la vara del 50% desde la autonomía del distrito sede de la Capital Federal. Matías Lammens, finalmente, se quedó con porcentajes similares a los de las PASO.

Su pretensión de comandar el posmacrismo quedó también tocado tras los resultados de ayer. Macri disputará el rol de jefe de la oposición con el 40% de los votos en su haber. Mala noticia para Eugenio Monzó, el nuevo polo opositor no podrá prescindir del ex presidente de Boca.

El resultado de ayer le resta poder a Alberto Fernández y refuerza el liderazgo de Cristina Kirchner y Axel Kicilof. El peronismo volvió a ganar las nacionales en la contundencia de la provincia de Buenos Aires. Del counrbano, para ser más específicos. El protagonismo de los gobernadores, en quienes Alberto planeaba sostenerse, quedó levemente debilitado. Perdieron en varios distritos en los que habían ganado y achicaron diferencias positivas en otros tantos.

En medio de ese panorama, Raúl Jalil y Ricardo Quintela lograron cómodas victorias en Catamarca y La Rioja, manteniendo la supremacía peronista en ambos distritos.

En un país de urgencias, el primer desafío es hoy. Y tiene que ver con la transición. Aun con extremas dificultades, el 10 de diciembre puede ser una jornada ejemplar de cambio de mando o puede encontrar al país en medio de un incendio. Las dos alternativas son altamente probables. Alberto Fernández y Mauricio Macri deberán pensar muy bien, qué actitudes tomarán para que el país pueda atravesar los próximos 44 días con cierta normalidad. Los dos líderes, el que se va y el que llega, deberán actuar con grandeza a pesar del desprecio mutuo que se profesan. Aunque sea sólo por inteligencia, la mejor apuesta posible es la que evite profundizar la profundización de la crisis.

“Quiero felicitar al presidente electo Alberto Fernández. Acabo de hablar con él, por la gran elección que han hecho. Lo invite mañana desayunar a la Casa Rosada, porque tenemos que empezar un período de transición”, dijo Macri anoche. Y agregó: “En mí siempre van a encontrar a alguien que pondere el diálogo”. es un buen primer paso.

Fuente: baenegocios.com

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