Independiente finalista de la copa Sudamericana 2017

Otra vez ahí, en una final copera, como en los 70, que dominó el continente, el Rojo disputará una definición. Sufrió tremendamente hasta último minuto, o hasta el último segundo, con los embates de un Libertad que no se rindió jamás. Por eso el enorme desahogo con el pitazo final del referí Zambrano, la locura de los jugadores, las lágrimas del técnico Ariel Holan, la euforia de las 52 mil almas que coparon el Libertadores… Todos en una comunión que se traslada al feeling que este equipo generó en una hinchada del paladar negro, en una noche para recordar, y que se recordará mucho más si se corona como campeón.

Es Independiente: la mística apareció. Para el aluvión inicial sobre Libertad que se tradujo en los goles de Barco, de penal bien sancionado, y de Gigliotti. También se vio ese espíritu emotivo para reaccionar tras el descuento de Libertad, que ponía a los guaraníes en la final. Rápido el Puma certificó con su doblete su mejor noche roja, y no sólo por sus goles.

Libertad se animó mucho, vendió muy cara la eliminación, obligó a Holan a reforzar la línea defensiva con Domingo en el medio y luego con el Vasco Amorebieta más atrás.

Hubo un tiro libre en el descuento que paralizó todos los corazones en Avellaneda. Apenitas afuera…

Esos cuatro minutos de adicional resultaron una angustia infartante.

Por eso, vale aplaudir hasta el cansancio la jornada en el Libertadores de América. Por la tensión, el fútbol y el sentido colectivo que mostraron los de Holan para aguantar cuando Libertad dejaba, literalmente, la vida por el descuento salvador.

Y con puntos altos: Bustos, Silva, Tagliafico y obviamente el Puma. A la calidad le agregan personalidad, clave en estas situaciones.

A Libertad sólo le habían metido dos goles en sus siete partidos anteriores por la Sudamericana. El Rojo le hizo tres. Señal de un potencial que bien lo hace merecedor de su 17ª copa internacional.

Fuente: Olé

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