La Selección empató de local contra Venezuela, el último de las Eliminatorias.

Uno da vueltas y vueltas y no hay forma de encontrarle una mirada positiva. Porque ni el resultado ni el juego ni lo que esto proyecta para el futuro dejaron una señal esperanzadora. Argentina penó para empatarle a Venezuela de local y hasta necesitó de un gol en contra para que el papelón no fuera mayor. Sí, pudo ser mayor. Y así, el sueño de ir al Mundial ya se transformó en pesadilla.

Las facilidades en el primer tiempo daban cierta señal de esperanza. Messi parecía decidido a ganarlo, por las bandas se ganaba y llegaba bien. Parecía que sólo faltaba que Icardi ajustara un poco la puntería. Pero esa ráfaga de llegadas (tuvo seis, siete claras) mostraron que la virtud pasa a debilidad en un instante: Argentina no hace goles. Por más que sumemos los gritos en los torneos europeos, en la Selección no aparecieron en todas las Eliminatorias.

Venezuela se dio cuenta de que a la Argentina le pesaba todo. Los puntos, el desamor con la gente, la falta de chispa… Y entonces soltó jugadores cuando la contra era posible. La Selección, a su falta preocupante de gol, le agregó los problemas para retroceder. Encima, Banega se empecinó en no largarla y en uno de sus errores, llegó la contra para el gol visitante. Una trompada que no lo dejó nocaut porque a los cuatro minutos, Acuña mandó ese centro que terminó en gol en contra.

Las ideas que habían insinuado en el primer tiempo se diluyeron totalmente. Messi ya no fue Messi, Dybala volvió a su intrascendencia e Icardi a que la gente pidiera por Benedetto. Apenas la insistencia de Acosta y Acuña por las bandas parecía que podían traer un centro salvador. Habría sido un resultado que aliviara tanta carga pero no hubiese cambiado el concepto general: Argentina no jugó como para ir al Mundial de Rusia.

Fuente: Olé

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