El Papa Francisco llega a El Cairo y da inicio su visita a Egipto

Diecisiete años después del peregrinaje de Juan Pablo II, el Papa Francisco inicia este viernes una fugaz visita a El Cairo, donde ha aterrizado alrededor de las 14.00 horas en España, transfigurada en un triple ejercicio de arriesgada acrobacia. En apenas 24 horas, el pontífice debe proporcionar "consuelo y aliento" a la maltratada minoría cristiana del país, traumatizada aún por los atentados que tiñeron de sangre el Domingo de Ramos; relanzar las relaciones con el islam tras los sonados deslices de su predecesor, Benedicto XVI; y minimizar el rédito político que trata de cosechar el régimen egipcio, responsable de una salvaje represión que ha ahogado todas las libertades públicas.

"El planeta necesita paz. Y la visita del Papa, si se usa bien, puede traer consecuencias muy positivas a Egipto", comentó este jueves a EL MUNDO el cardenal nigeriano John Onaiyekan desde el hotel cairota donde aguardaba la llegada de Bergoglio. El argentino aterriza a primera hora de la tarde en el aeropuerto internacional de la capital. Su primera parada será el palacio presidencial de Ittihadiya, donde será agasajado por el presidente, el ex jefe del ejército Abdelfatah al Sisi. Poco después, intervendrá junto al gran jeque de Al Azhar Ahmed el Tayeb en una conferencia de paz organizada por la institución más prestigiosa del islam suní, en el ojo del huracán mediático por su incapacidad de reformar el discurso religioso

"Deseo que esta visita sea un mensaje de fraternidad y reconciliación para todos los hijos de Abraham, de manera particular para el mundo islámico", esbozó el Santo Padre en un mensaje de vídeo divulgado días antes de su periplo. Francisco tratará así de impulsar la interlocución entre Al Azhar y el Vaticano, congelada desde que en 2006 Benedicto XVI filosofara sobre "la religión de la espada" en la Universidad de Ratisbona y cinco años más tarde alertara de la existencia de "una estrategia de violencia con los cristianos como blanco" tras el atentado de nochevieja contra una iglesia de la mediterránea Alejandría. "Nuestro mundo, desgarrado por la violencia ciega -que también ha golpeado el corazón de vuestra querida tierra- tiene necesidad de paz, amor y misericordia", proclamó en su alocución.

Su presencia en la ciudad de los mil minaretes también buscará "abrazar" a la reducida comunidad católica -se estima que su cifra no excede los 170.000 feligreses- y a los seguidores de la Iglesia Ortodoxa Copta, uno de los credos más antiguos de Oriente con el que Roma ha protagonizado "siglos de desconfianza" y que profesa alrededor del 8% de los 92 millones de egipcios.

"La visita se produce en un momento muy complicado para nosotros tras los ataques terroristas pero servirá para fortalecer el contacto entre las dos iglesias", apunta a este diario el portavoz copto Bules Halim. A última hora de este viernes Francisco se reunirá con el Patriarca copto Teodoro II en la catedral de Abbasiya y recorrerá la iglesia contigua, escenario de un atentado suicida reivindicado por el autodenominado Estado Islámico en el que 28 personas perdieron la vida el pasado diciembre. El doble ataque contra dos iglesias de las ciudades de Tanta y Alejandría, que dejó 47 muertos, también estará en el recuerdo del pontífice, huésped en país sumido en un controvertido estado de Emergencia.

Entre estrictas medidas de seguridad -que han obligado a echar el cierre a comercios y han vaciado de coches las calles del barrio cairota de Zamalek, donde pernoctará el religioso-, fuentes del Vaticano avanzaron a principios de semana que Francisco circulará por la ciudad a borde de "un coche normal, cubierto pero no blindado". Su aventura egipcia -con la incógnita de si abordará en público la grave situación de los derechos humanos en el país- concluirá con la celebración de una misa el sábado en un estadio militar a las afueras de la megalópolis cairota. "Acudiré al estadio para agradecerle que haya venido a Egipto pese a de los últimos atentados. Quiero pedirle que rece por la paz en el mundo", confiesa a este diario Rita, una universitaria de 26 años que ayer se unió a los cientos de veinteañeros que preparaban en un blindado barrio de la capital una marcha en honor al pontífice.

Fuente: El Mundo

Compartir: