River empató sin goles con Cruzeiro en el Monumental por octavos de Copa Libertadores

Matías Suárez tiró el remate desde los doce pasos por arriba y el cierre fue 0-0 en Núñez, por el partido de ida de octavos de final de la Libertadores.

No tenía que ser para River. No le salió ni el tiro del final con ese penal pateado a las nubes por Matías Suárez en el último minuto. Fue 0-0 ante Cruzeiro y la revancha será en una semana en Belo Horizonte, en un Mineirao colmado. Complejo, claro. Acaso la jugada que derivó en la sanción y la definición hayan sido un reflejo de lo que fue el rendimiento del equipo de Marcelo Gallardo. Le costó una enormidad a River generar peligro y tuvo la más clara luego de un penal que nadie vio ni reclamó y que el chileno Julio Bascuñán cobró a instancia del VAR por un agarrón a Lucas Pratto. El remate del cordobés fue tan poco fino como la noche de River. La sensación era que el local podía estar minutos y minutos jugando sin ser capaz de vencer al arquero Fabio.

Las dos cuestiones que se presumían en la previa sucedieron en la noche del Monumental. Porque se sabía que las ausencias de Pratto -en mayor medida-, Rafael Santos Borré e Ignacio Scocco le iban a pesar a River, pero restaba analizar en qué medida. Fue en mucha. Y la segunda circunstancia era la falta de rodaje. Tendría que hacer una revisión profunda el fútbol argentino, especialmente los equipos que disputan la Libertadores. Lo que ocurre no es lo ideal ni mucho menos: comienzan el semestre jugando un juego trascendental, sin rodaje, sin ritmo, sin fineza. Y lo padecen, además: se lesionan jugadores como el indispensable Javier Pinola que, salvo un milagro, no jugará en Belo Horizonte. Por la falta de tiza en los metros decisivos River no pudo doblegar al limitado Cruzeiro en la primera parte.

Manejó bien el balón River cuando no tuvo oponente. Cruzeiro llegó al Monumental para defender el cero en el arco propio y nada más. Apenas en el segundo tiempo se soltó un poco y avisó que puede ser peligroso con metros para correr. Exequiel Palacios tuvo un arranque prometedor. Pero rápido se quedó sin energías o ganas, porque no tuvo socios ni delanteros que marquen diagonales. Palacios empezó a pasar el balón de manera horizontal y River se planchó. Desbordó un par de veces por derecha pero todos los centros fueron malos. En el segundo tiempo Montiel dibujó una jugada de lateral brasileño pero su centro exacto al área chica no encontró compañero.

Que las dos jugadas más peligrosas de River, sacando el penal, hayan sido dos cabezazos habla a las claras de lo que fue el elenco del Muñeco. En el primer tiempo lo perdió Robert Rojas -ingresado por Pinola- y en el segundo falló Pratto, que entró por el tímido Julián Alvarez y evidenció por qué no estaba para jugar de titular.

Lo buscó River por inercia, sin ideas ni intensidad. Es cierto que los primeros 20 minutos jugó bien, recuperando alto y agobiando. No lo pudo sostener. Cruzeiro no pasó sobresaltos y se destacó la figura del gigante Dedé. Y hasta se pudo ir a Belo Horizonte con un triunfo si no fuese porque Neves estaba un centímetro adelantado en la situación que culminó en gol del zurdo talentoso.

No se prendió River, arrancó con el motor frío y sin la quinta marcha. Empató de local por la ida de los octavos de final de la copa. La tiene difícil. Pero sabe que tiene que creer. Otra vez creer.

Fuente: Clarín

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